lunes, 18 de noviembre de 2013

Diagnóstico




No sabría describir bien los síntomas,
es como...


Es como un pellizco que martillea
en los adentros,
que no me deja concentrarme
en las películas,
que me mantiene cansada
pero luego no me deja descansar,
que no me da tregua ni tiempo
para coger aire.


Es como una mezcla efervescente
de ansiedad y nihilismo
que vengo arrastrando
desde que era tonta.


Como una apuesta perdida
desde el principio,
como una fe ciega
de hostias profundas.


Es como el instinto
primitivo e inocente de Pandora,
que se me mete en los ojos
y se me quedan temblando
por ver lo que han visto.


Y me dura un par de días aproximadamente.
Sin comer, sin respirar,
enmudecida.
Hurgando en lo poco de humana
que me quede,
aún resistiéndome a renegar de mi especie,
jugando en el equipo adecuado,
y pagando todavía las deudas de Prometeo.


No hay daños físicos aparentes,
la orquesta está dentro, pase.


¡Vea! ¡Vea!
mire lo que le digo,
inspeccione de donde viene
el pellizco martilleante,
la jaula de grillos,
la jauría de lobos que me aúlla dentro.


He probado de todo.
Medicina natural y alternativa.
Calmantes legales e ilegales.


Y lo único que acaso me consolara levemente,


sea este balbuceo débil e inconforme,
ese poema nunca escrito


la alineación perfecta,
simbiótica,
de las palabras y los silencios


que dé con la tuerca que me faltaba.










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